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3 de septiembre de 2007

El Enterao: caso práctico

No me gusta revolcarme entre mi porquería, así que lo último que tenía pensado era reabrir la serie de El Enterao. Pero el link que me pasa Mer es tan acojonante que tengo que hacerlo correr. Para salvarme, como cuando uno ve la cinta de vídeo de la niña chunga japonesa trepando fuera del pozo y reptando hacia la cámara. Salvo que en este caso se trata de un cinéfalo incontinente asomando desde las profundidades de su fosa séptica, en la que vive, retoza y es feliz. Un enterao de primer nivel.

Hablamos de la sección de crítica cinematográfica del 20minutos, y de un tipo que, quién sabe, podría ser varios. Pido disculpas de antemano, pero eso no haría más que corroborar mi opinión de que los enteraos forman parte de una mente colmena en la que las bases argumentales y estilísticas se consumen, regurgitan y reciclan para que su producto sea extendido mediante un ansible fétido, una red de cloacas intelectuales. Miren lo que dice de El Ultimátum de Bourne:

"Prototipo estupefaciente del porvenir de un Hollywood ruidoso no devorado por la vacuidad ensordecedora de una nada digital con apéndices automatizados, la nitroglicerínica propuesta de Paul Greengrass se postula orgullosa como modelo a imitar y clavo ardiendo de una dramaturgia adulta, no exenta de funambulismos (y de qué calibre) a todo gas, que languidece en la terquedad epiléptica de un Hollywood de megaespectáculos indecentes".


Tranquilos. Tómense un minuto. No las tengo todas conmigo, pero creo que quiere decir que esta película pertenece a una clase que se va a hacer habitual en Hollywood, esa Albión pérfida y tecnológica, a pesar de que estar "languideciendo" en una "terquedad epiléptica" y la madre que lo parió. Respiren unas cuantas veces dentro de su bolsa de papel, y prosigamos. Sobre Naturaleza Muerta dice:

"Desde la ebullición de una formidable instantánea sociológica que fotografía, desde la límpida nitidez de la alta definición digital, la detonación del drama humano, Jia desglosa paisajes de esa China entre líneas que se intuye detrás de su aniquilación, con el antifaz de un hiperralista Rosselliniano que en verdad destartala las convenciones de la representación naturalista, poblando su filme de entelequias siderales (desde un OVNI que se infiltra en el espacio escénico para ejercer de vaso comunicante entre los dos fragmentos del relato) y alegorías diminutas sobre la encrucijada supravivencial de los inquilinos de un país que circula a velocidad crucero finiquitando su identidad (materializado en la figuración de un cuarteto de actores de la ópera de Pekín pétreos espectadores del surtidor de ruinas y en el funambulista que surca los cielos de la ciudad fantasma en el sobrecogedor plano conclusivo)".


Observen cómo van cayéndosele boñiguitas de sabiduría en forma de lugares comunes de la crítica barata, como "hiperrealista", "roselliniano", "naturalista", "espacio escénico", "vasos comunicantes"... No pregunten y disfruten de ráfagas de redundancia como "límpida nitidez de la alta definición". Eso sí, una "encrucijada supravivencial" no tengo ni puta idea de lo que es. Sobre El Buen Pastor:

"De Niro es incapaz de condensar en tres horas, o casi, el meollo de la cuestión, sucumbiendo a un abordaje netamente epidérmico y de superficie de los entresijos del engendro. Pululan alrededor de Damon un sinfín de perfiles sin sombra, secundarios de lujo fantasmales sin pasado ni futuro que van y vienen sin dejar trazas de identidad a su paso".


Intenten mantener la calma. No sé cómo se puede "sucumbir a un abordaje" sin ser un pirata caribeño, ni cómo se puede llegar a los "entresijos" de algo de modo "epidérmico y de superficie", aunque la falta de profundidad es uno de esos socorridos reproches que siempre se usan. Recuerden que cuando dice que hay "un sinfín de perfiles sin sombra, secundarios de lujo fantasmales sin pasado ni futuro que van y vienen sin dejar trazas de identidad a su paso" está hablando de espías. ¿No es maravilloso? Paciencia, ya queda poco.

"'Wolf Creek' se agarra con fuerza a todos los clichés imaginables del planteamiento sociopatológico, planteando la enésima dicotomía elemental entre el mundo civilizado y esa surete de infracivilización sonde se hacinan los desheredados, los animales antropomorfos, los títeres del salvajismo".


Oh, la prosa. Fíjense que hasta las erratas sirven a esta prosa sensitiva: "esa surete de infracivilización sonde se hacinan los desheredados", no me digan; una sucesión de eses que suenan a serpiente, a criatura que se enrosca sobre sí misma y estruja una argumentación hasta matarla. No conozco a los "títeres del salvajismo", pero no me gustaría encontrarme con ellos en un callejón oscuro. Quizá sufran un "planteamiento sociopatológico" y me planteen una "dicotomía elemental" en el cráneo, como la que debió de tener éste cuando se cayó de la cuna de pequeño.

Si aún les queda bilis les recomiendo su crítica de Death Proof. No tiene precio. Yo voy a tomarme una aspirina.

20 de julio de 2006

El Enterao (y VII)

... y luego está este gilipollas:

El Enterao (VI)

Os presento a Greg.


Greg toca los bongos. Greg abrió un negocio de helado de yogur a domicilio (?). Greg es amiguete de toda la vida de J.J. Abrams. Eso le llevó, al cabo de los años, a ser el ejemplo definitivo de recursividad, por recontraposmoderno y absurdamente vano. La recursividad, a la que debemos, amigo mío, todas las demás ideas. Especialmente las del arte.

Bien, ahí va.

Greg es el piloto perdido en el piloto de Perdidos.

Esto parece una chorrada, y lo es. Pero tiene un profundo significado. En Greg y en su cuerpo orondo está representada la síntesis de la obra en la que Greg está incluido, al igual que la obra lo representa a él. En otras palabras: Greg es la obra. Repito que es una chorrada, porque tiene que serlo. Es divertido, y ahí está la clave: es un juego.

The Game es una película guiada por una pregunta: "¿Cuál es el objetivo del juego?" La respuesta: el objetivo del juego es descubrir el objetivo del juego. El placer está en recorrer esa cinta de Möbius una y otra vez como si fuera una montaña rusa, y utilizar después lo que aprendimos en el viaje, lo que descubrimos acerca de nosotros mismos.

Es esto lo que llamamos Paja Mental. La paja física, la de toda la vida, es un ejercicio cuya finalidad es llegar a una conclusión climática llamada orgasmo. Y ése es el error: pensar que ese orgasmo es la finalidad de la paja. No lo es. Lo que el cuerpo necesita, lo que nos está pidiendo mediante la pulsión de pelarnos la banana arriba y abajo, es el torrente químico que ese orgasmo verterá en la sangre. ¿Y cuál es el objetivo de ese juego? La reproducción. Ante la falta de compañía, nos masturbamos para calmar la necesidad que tiene el cuerpo de reproducirse, de avanzar un nivel en esa espiral creadora, de traspasar el yo a otro cuerpo y criarlo para que sea idéntico a nosotros. En definitiva, la necesidad de perdurar.

El enterao es un experto en la paja mental, que es un ejercicio intelectual necesario, y la intención es legítima y enriquecedora. Cuidado: hablo del enterao real, no del impostor. Hablo del semiólogo, no del tertuliano de Garci; del periodista cinematográfico, no del forero pesao; del autor de literatura cinematográfica, no del crítico; del profesor de cine, no del cineasta frustrado; del estudioso del lenguaje audiovisual, no del cineasta experimental. Estos enteraos de pacotilla, subalternos de la cultura, son el objeto de los posts anteriores. El enterao real, como digo, tiene mi respeto: por lo menos pueden tener cierta solidez argumentativa, aunque estén equivocados desde el planteamiento.

Porque cometen el error del que hablo: pensar que el objetivo de ese ejercicio masturbatorio es el orgasmo, el clímax, la conclusión. No lo es. La meta no es llegar a una frase brillante, o a una explicación que cierre el misterio de tal o cual película, o a un significado oculto. La meta es doble, y más ambiciosa: por un lado el juego, el placer que provoca. Por otro, los químicos en la sangre, los productos de esa catarsis intelectual... lo que aprendemos por el camino.

Así, la película analizada es el catalizador. La reacción química que provocamos con la paja mental está encaminada a convertir la pulsión de reproducirnos a nosotros mismos –de reinterpretarnos, de descubrir qué somos, nuestro significado abstracto– en un conjunto de ideas y argumentaciones que no teníamos antes, y que nos enriquecen intelectualmente, al mismo tiempo que aplacan nuestras ganas de crear. Donde el instinto físico era creador, el intelectual es creativo. No sé si me explico.

Un nivel por encima, en esa misma espiral onanista de circunferencias concéntricas, está el creativo. Esta palabra se usa para el cerebrito publicitario, pero a mí me gusta usarla para nombrar a todos los autores (no en el sentido que le dan los enteraos; hablo de cualquiera que crea una obra cultural, sea Cabeza Borradora o Los Vigilantes de la Playa). Lo que hace el creativo es construir un espejo del mundo, más o menos deformante, pero que en todo caso, siempre, está hablando de él mismo a algún nivel. El ejemplo más típico es Woody Allen, cuyo protagonista siempre es Woody Allen. Pero todos los creativos son un ejemplo de ello. De esta manera, cada pieza que pare un creativo a lo largo de su carrera tiene, en mayor o menor medida, la calidad de acto fallido. Cada película es un sueño del creativo, en todos los sentidos, y el trabajo que éste hace es el de un médium tratando de comunicar a los miembros del equipo la imagen que tiene en la cabeza. No por casualidad, en Hollywood a eso lo llaman vision, y lo respetan profundamente; al menos eso es lo que dicen todos en el making of.


JAMES LIPTON:
Su padre era ingeniero informático y su madre era compositora. En “Encuentros en la Tercera Fase”, cuando la nave aterriza, ¿cómo se comunican?

STEVEN SPIELBERG: (sonriendo)
Qué buena pregunta. Ya la has respondido.

JAMES LIPTON:
Hacen música con ordenadores, y así pueden hablar los unos con los otros.

STEVEN SPIELBERG:
¿Ves? Me gustaría decir que era consciente de ello, que estaba representando a mis padres, pero no me había dado cuenta hasta este momento.

Y aquí es donde entra el psicoanalista, a quien necesitamos para que alguien de fuera de nuestro atormentado cerebelo nos informe de qué coño significa lo que acabamos de hacer, decir y soñar... en la película que hemos hecho. Confieso que no tengo claro quién de todos los mencionados tres párrafos más arriba debería hacer este trabajo. Diría que el público, pero es una boutade: el público no existe. Bienvenidos a la foto de la foto.

El caso es que en cuanto uno busca literatura sobre la interpretación de los sueños, empieza a encontrar tonterías. Gente que dice que “paraguas” significa “polla” y cosas así. En el cine, el que analiza con esa superficialidad y en piloto automático es lo que yo llamo enterao. El que no comprende el ejercicio de la paja mental, y piensa que el objetivo del mismo es el orgasmo, llenando los folios en blanco, páginas y páginas, con su maloliente semen. Perdón por la imagen, pero tengo que rematarla: su semilla está muerta. Millones de espermatozoos difuntos incapaces de crear.

Por eso escriben críticas, dan clases de cine, meditan en letra alta para que les oigamos. Ése es su placer, el suplemento químico que se meten al no ser capaces de generar el compuesto auténtico. Creo que fue Almodóvar el que dijo que la prueba del nueve para saber que un enterao es un creativo frustrado es mirar a los niños: ningún crío quiere ser crítico de mayor. Sobre todo porque el enterao, aunque no lo sepa, ha perdido de vista que el cine, como todo el arte, es un juego, y tiene que ser seductor y divertido. Se toman demasiado en serio el medio, a sí mismos y sus sesudas eyaculaciones.

Si el enterao tiene que recurrir a la masturbación es porque no se come un rosco, porque no puede catar el sexo de verdad, la Creación Artística. O no se le levanta (falta de ímpetu en la vida para lograr las propias metas), porque su esperma es inservible (falta de creatividad), o sencillamente porque es feo de cojones (¿habéis visto a Carlos Boyero?).

Ya sé que me he puesto insoportable, pero me va la vida en ello. Aquí el menda es un creativo en estado de lucha, viviendo una gestación de años y un parto doloroso que ya dura nueve meses. Ya veo la luz al final de la vagina, pero la espera es muy jodida. Este interminable revolverse a la espera de la ocasión de salir adelante, de empezar, me ha hecho sentir verdadero desprecio por quienes han perdido o directamente eludido la ocasión de encontrar el real deal, el polvazo sin condón, la paja mental definitiva que es la Obra de Arte, en favor de ese onanismo intelectual vacío y petulante plag(i)ado de modas, pensamientos únicos, citas de otros, espejismos simbólicos, corrientes artísticas y demás clínex usados.

Cuando publiqué la primera entrega de El Enterao, alguien me llamó meta-enterao.

Tenía toda la razón.
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Epílogo en El Enterao (y VII).

22 de junio de 2006

El Enterao (V)

El enterao tiene serios problemas para diferenciar la inteligencia de la estupidez. Suele confundir la calidad con la trascendencia, la profundidad con la pretensión, y, en definitiva, la ética con la estética. Suele otorgar importancia a cosas que no la tienen (el propio cine es una de ellas), e inflar de contenido elementos casuales o deliberadamente vacíos. Su actitud es el resultado de considerar la masturbación mental un acto de inteligencia.
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Por ello, hay momentos en los que el enterao roza casualmente su propia estupidez, pero la descarta de inmediato al confundirla con brillantez analítica. Es el momento definitivo a la hora de catalogar a un enterao, y por ende, a un intelectual cretino: su fascinación por la pintada de "tonto el que lo lea". He aquí la escena:
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Algo acecha entre la niebla. Tras unos segundos de suspense, se adivina una luz rojiza en la blancura. Oh, es el pitillo de Garci, y la niebla es el humo que llena el plató de Qué Grande es el Cine.

Los muy tertulianos contertulios han visionado Reservoir Dogs, y ahora comentan sus entresijos; alguien menciona la anécdota del Plano del Globo Naranja. “Derroche de significación”, “alarde simbólico”, pensarán para sí; alguien habla de la rueda de prensa en la que a Tarantino le preguntaron por ese detalle, y lo que respondió. “Estábamos por allí”, o algo parecido, “y pasó un crío con un globo naranja. Se lo pedí prestado un momento y lo metí en el plano. Imaginé que sería uno de esos detalles que hacen que los gilipollas de los críticos se pajeen durante meses”.

Uno por uno van escogiendo su momento favorito, el plano que más les asombra o la situación más memorable. En esta ocasión lo tienen fácil; hay dónde elegir: la polla de Madonna, los créditos, plano secuencia del Sr. Rubio, la oreja cortada, el cuento del retrete, el disparo fantasma...

Llega el turno de Rodríguez Marchante. “Oti, ¿cuál es tu momento preferido?”
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El puto globo naranja.
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Continuará en... El Enterao (VI).

24 de mayo de 2006

El Enterao (IV)

Hace algunos años salí durante unos meses con una actriz. En muchas ocasiones fui a buscarla al teatro, a la salida del ensayo, y allí pasé bastante tiempo esperando a que se desmaquillara y duchara, y se rociase de productos hidratantes y compartiera chascarrillos y arrumacos lésbicos con sus compañeras de reparto desnudas. Nunca me dejó participar. Y si por un casual no es esto lo que hacen las mujeres en los vestuarios, prefiero que no me lo digáis.

El caso es que más de un día pasé un rato sentado entre bambalinas con el director de la obra, uno de esos bohemios que arrastran su falta de talento por los foros juveniles y se toman cafés con sus alumnas.

..........YO: Vengo del cine.

..........ÉL: Ah. ¿Y qué has visto?

..........YO: "Starship Troopers". ¿La conoces?

..........ÉL: Sí. Es la de Verhoeven, ¿no?

..........YO: Sí. Es una gansada.

..........ÉL: A mí es que Verhoeven no me hace gracia.

..........YO: ¿No? A mí me gusta bastante.

..........ÉL: Bueno... Me quedo con la época europea.

Alarma. Un Enterao. Hay pocas frases que dejen tan al descubierto la cinefalia de alguien como "prefiero la época europea", y la escucharéis con especial frecuencia hablando de Paul Verhoeven.

..........YO: ¿De verdad no te gusta ninguna de las americanas?

..........ÉL: Pues no. Desde que se pasó al rollo Hollywood...

..........YO: Pues a mí "Robocop" me encanta.

..........ÉL: ¿"Robocop" es suya? Pues sí, la verdad es que está bien. Pero el resto...

..........YO: Hombre, "Desafío Total" es bastante la hostia.

..........ÉL: No, sí. Ésa sí. Mira, no me acordaba.

..........YO: Claro, hombre. Hasta "Instinto Básico" tiene su puntillo.

..........ÉL: Bueno, pero por el guión.

Lo cual es extraño, porque un enterao jamás diría nada bueno de Joe Eszterhas. Llegados a "La Caja de Música", todos pensarán que la escribió Mamet.

..........YO: ¿Y "Los Señores del Acero"?

..........ÉL: ¿Ésa cuál era?

..........YO: La de espadas. Edad Media, Rutger Hauer...

..........ÉL: Ah, sí. No, ésa no me gustó.

Pues es europea. La actriz nos interrumpió con un "estoy lista" y ahí quedó todo.

La filmografía de Verhoeven es irrelevante. No tiene importancia que las otras dos películas europeas suyas que yo he visto me hayan parecido un coñazo. Soy un poco rarito, y vivo con ello. Pero este mangurrián no sólo no sabía de qué estaba hablando, sino que lo hacía en piloto automático. Seguía ese Manual del Enterao que dice que lo americano siempre es peor que lo europeo, especialmente en lo relativo al cine. Me llama la atención no haber oído a ninguno preferir la época europea de Wolfgang Petersen, por ejemplo; y eso que sus mojones, además de más abundantes, hacen que los de Verhoeven huelan a jazmín.

Lo dicho, estad prevenidos. A ver qué dicen de esto.
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Continuará, por supuesto, en El Enterao (V).

16 de mayo de 2006

El Enterao (III)

Existe un mal genético del enterao que se conoce como polillismo o, en algunos círculos, ojo de primo. Esta denominación puede parecer un pésimo chiste del autor, pero no. Viene a cuento de la predilección casi ciega que el afectado siente por los “originales” (él los llamará clásicos) o las primeras versiones o entregas.
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El polillero siente una total desafección hacia las segundas y sucesivas partes de películas, por mucho que éstas le interesasen en su momento. La suspensión del juicio tiene lugar en el mismo momento en que el paciente recibe la noticia de que se está produciendo un remake o secuela (la validez de este término está rebatida; le da por culo a la Academia de la Lengua, y nos congratulamos por ello), de tal manera que en el momento del estreno la recibe con total insensibilidad. Tras el visionado, el enterao puede experimentar desorientación, urticaria y convulsiones, aunque por lo general sus síntomas se reducen a náuseas y vómitos, y paranoia. Los expertos no acaban de ponerse de acuerdo, pero se ha observado en una cierta porción de los casos un sentimiento de disgusto relacionado con la ilusión de haber sido engañado, o tomado por imbécil. Curiosamente, ninguno de los especimenes analizados pareció notar que si entró en el cine fue por su propia voluntad.

Señas inequívocas son la defensa de la primera entrega de “Alien” en detrimento de la segunda, la reivindicación de J. Lee Thompson por “El Cabo del Terror” (estableciendo una amnesia somática para omitir obras suyas como “Justicia Salvaje” y “Yo soy la Justicia II”), o, en casos de mayor alcance, el desprecio automático por “Drácula de Bram Stoker”.

Mención aparte merecen las cepas llamadas de enteraoísmo trasgresor o recontrapolillismo, en el marco de los cuales se han descrito casos de defensas entusiastas de “Psicósis” de Gus Van Sant.

Por desgracia, es éste un mal muy extendido en el común de los aficionados, pero rara vez diagnosticado en su latencia, que el enterao suele acarrear desde el nacimiento. Sus síntomas son sutiles, pero si se descuida puede ser el desencadenante del proceso viral que transforma al cinéfilo en cinéfalo. Estad alerta, y en caso de brote librad al sujeto de su sufrimiento con extremo prejuicio.
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Continúa en... sí, El Enterao (IV).

14 de mayo de 2006

El Enterao (II)

La habilidad con la que el enterao maneja el lenguaje es una de sus señas de identidad. Recordemos que la crítica cinematográfica es reducto de erudición, y, por tanto, de literatura. Como hemos visto, mencionar un nombre a secas no es cool, hay que aliñarlo. Y si el nombre es en sí mismo el aliño de otra ensalada, hay que cocinarlo de alguna manera... si está crudo, es indigesto.

Un enterao magacinero no dirá "la estética de Almodóvar", sino que hablará de "la estética almodovariana". Así, Almodóvar queda elevado desde el pueblucho manchego hasta la categoría existencial, y sin pasar por Hollywood, que tiene más mérito. Las críticas de cine están repletas de engendros lucasianos, hitchcockianos, spielberguianos, depalmianos, y otros frutos de esa huerta de palabros, que emparentan a sus autores con otro prestigioso ramillete de capullos: los historiadores de la filosofía. Ya sabéis, los kantianos, aristotelianos, hegelianos, marxianos... y platónicos (!).

Afortunadamente, los enteraos no sufren la cerrazón lingüística de estos primos hermanos suyos, y no dicen Oliverio Stone o Jaime Cameron donde aquellos decían Carlos Marx y Renato Descartes. El nombre sajón se respeta, aunque el tino sea el de una escopeta de feria y los nombres se pronuncien casi como aquél del racionalista francés, el [descártes] de toda la vida, que a mí siempre me sonó a mus.

Conversación sacada de una tertulilla de cine, el otro día:

- (...) de esta película, protagonizada por un jovencísimo [járvi kéitel].

A lo que otro supión contesta:

- Con ese [járvi kéitel] te estás refiriendo a [járvi kítel], ¿verdad?
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No hace falta decir que ambos lo pronuncian mal. Lo importante es lo reconocible de la actitud. Si no fuera suficiente el uso de la fórmula sintagmática del post anterior, queda claro que estos dos cagaprados son genuinos ejemplares de enterao. Ya sabemos la regla: hay que liar la madeja. Winona no puede pronunciarse [üinóna], es demasiado sencillo; debe de ser [guainóna], o algo parecido; y por la misma razón a Johnny lo llamarán [dip] en lugar de Depp y todos los Ian y Liam se convertirán en [áian] y [láiam].
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Continúa en El Enterao (III) (ya lo vais cogiendo).

13 de mayo de 2006

El Enterao (I)

Leí el otro día en un foro amigo un post de un ejemplar de lo que yo llamo enterao. La crítica aficionada, que ha crecido en los mares de internet como el moho en una lata de paté. Es una crítica suiza como la navaja: vale para todo. La diarrea verbal que domina a este género vale tanto para disertar sobre un roto como para arrojar una apología del descosido, y lo único que todos tienen en común es el sopor que provocan. El caso es que entré al trapo, y la respuesta me supo a poco. Y como estoy bastante ocioso últimamente, pues aquí vuelvo... a hacer amigos.

Servidor compró la Fotogramas durante 11 años, sin faltar a un solo número. En sus páginas está el principio de esta ola de criticones masturbatorios, que se han formado –o eso creen– leyendo a Guarner, Monzón, Figueras y secuaces, y ahora vienen with a vengeance. Estos pensadores de cineforum han estado ahí siempre –qué daño hizo el 68, oyes– pero ahora alcanzan una difusión martirizante, y es por eso que pienso en letra alta sobre algunas de las señales que los delatan, para que si leéis esto podáis reconocerles y darles muerte.

El primer rasgo que suele delatar al enterao es una construcción sintáctica rimbombante y gratuita, pero que cuaja todas sus ganas de epatar al personal con su sapiencia y atinado juicio... y todo eso sin dejar de informar. En una referencia a una película o autor, nunca un enterao usará una construcción simple, del estilo de <<...”El Cabo del Terror”, de J. Lee Thompson...>>, por vulgar y demasiado sencillo; para más inri, no deja claro que uno es un crítico experto, y que habla porque sabe. Por eso, tienen que añadir algo, una valoración, o les saldrá por las orejas. Así, dirán algo como <<”El Cabo del Terror”, de un hoy casi desconocido J. Lee Thompson>> (ejemplo sacado del foro que os comentaba). Otras aplicaciones de esta fórmula son <<de la muy sobrevalorada Jane Campion>> o <<un habitualmente comprometido Spike Lee>>. En resumen:

[artículo, mejor indeterminado] + [adverbio o locución] + [n adjetivos] + [título o nombre]
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Continúa en El Enterao (II) (os lo imaginabais).