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9 de enero de 2010

Hesitation wounds

Artie Lange ha intentado matarse pegándose él mismo nueve puñaladas. Ya sabe, como hacen los cómicos profesionales.



Aquí tienen la noticia. Alégrense, igual un día lo consigue. O alégrense entonces, como vean.

22 de diciembre de 2009

Los Pilares de Pandora

Si James Cameron hubiera nacido en el siglo XI habría conquistado la mitad del mundo conocido y habría violado a miles de las hijas de sus adversarios como muestra de superioridad; por suerte para las niñas de Beverly Hills, ha nacido en un siglo en que la supremacía militar de su pueblo está más que consolidada y su personalidad titánica (ja!) se puede aventurar en otro tipo de paisajes.

Aun así, la Guerra y en especial su potencial destructivo, por encima de elementos como la corrupción moral, el heroísmo, el trauma generacional u otras cuestiones políticas que aborda el cine bélico, siempre ha sido uno de los elementos claves a la hora de interpretar las grandiosas visiones de este genio, que creció haciendo simulacros en el colegio en previsión de un pepino nuclear soviético y devorando ciencia-ficción escrita durante la Guerra Fría. De ahí su obsesión por la bomba atómica: hasta ahora no había una película suya en la que no explotase, hubiera explotado o estuviera a punto de explotar una. La primera, Avatar.

Viéndola tuve la sensación de que algo ha cambiado en su universo. Avatar sigue siendo ciencia-ficción pura de oliva como las anteriores (incluida Titanic, ojo), aunque por algún motivo, mientras la veía esquivando medusas arbóreas con la cabeza, yo la asocié con True Lies, que además de estar a un paso de ser la película perfecta es lo más down to earth que ha hecho Cameron en su vida, valga la expresión... ¿Avatar sería lo más up to Earth? Ahí lo dejo]. En True Lies el añorado Schwarzenegger se enfrentaba a una horda de fanáticos asesinos religiosos con toda la superioridad moral que le daba ser un metódico asesino secular, ya saben. Los enemigos eran tipos de otro color, y tan primitivos que creían en profetas y no eran capaces ni de cargar las baterías de una cámara de vídeo. En aquel tercer acto loco, Chuache llevaba a la física esa superioridad y les daba cera a los jihadistas desde lo alto, usando un avión Harrier, que entonces todavía era un poco un prodigio tecnológico de esos que le gustan tanto a Cameron.

Ya ven por dónde voy, ¿verdad? No les tengo que explicar las diferencias que hay entre filmar un bombardeo desde arriba o hacerlo desde abajo; como ejemplo de este juego de punto de vista y significado véase Pearl Harbor de mi querido Michael Bay-des. Desde el 94, año de True Lies, ha llovido mucho, sobre todo en Nueva Orleans, y también muy poco: todo está igual o peor en Oriente Medio. Cameron escribió el tratamiento de Avatar después de terminar aquella película, pero lo guardó en un cajón, ya que intentar lograr lo que él quería habría costado una cantidad absurda de dinero... absurda para un tipo que hace cine a 200 millones la pieza, háganse una idea. Desde entonces han pasado algunas cosas que han provocado cambios en la psique colectiva norteamericana: el 11 de Septiembre, un presidente alcohólico y con retraso mental, un golpe de estado encubierto (sí, ya sé lo que van a decir), una guerra en Afganistán, otra en Irak, el florecimiento de la industria del terror, tanto americana como islámica, y lo que es más grave, una Causa, la del ecologismo emergente y de emergencia, tan acuciante que logró conseguirle un Nobel a un tipo como Al Gore. En un hombre ilustrado y canadiense de nacimiento como James Cameron, todas esas cosas tocan una serie de teclas que, se podría decir, le han hecho comprender, le han hecho cambiarse de bando. No se rían: ¿cuántas veces en su vida han visto a alguien cambiar de opinión?

Avatar es una alegoría más que evidente sobre los dos temas que obsesionan al americano informado, progresista o conservador: por un lado, las guerras imperiales de su país en Oriente Medio, y por el otro, el ecologismo entendido como estrategia de supervivencia. Del ecologismo no hay mucho que decir: es considerable el mimo con el que Cameron ha creado un ecosistema tan coherente en la forma como paradisíaco en su esplendor estético. De igual forma, las mil reminiscencias a las culturas nativas de América que ha introducido en los Na’vi conectan la película con el concepto de ecologismo que tiene la cultura norteamericana más rudimentaria, que está asociado a sangre y fuego –el fuego suyo y la sangre del otro, como casi siempre– a la imagen de los indios de las plumas y las flechas. Respecto a la parte bélica, las interpretaciones también son fáciles: el coronel Quaritch (casi quarry, explotación minera) decide lanzar un ataque preventivo, que ya es una frase hecha asociada a la Guerra de Irak, sobre unos salvajes para poder extraer el precioso material que hay bajo su suelo. Hay muchas otras referencias menos de bulto pero sospechosas de referirse a la resistencia iraquí, al auge de Al Qaeda, y a la noción de que el fanatismo prospera bajo condiciones de opresión, aunque quizá les parezca hilar demasiado fino subrayar la frase sobre el bicho alado y naranja de la parte final, y no es un gran espoiler: “cuando el toruk dejó de ser necesario, se marchó”. ¿Alguien dijo Bin Laden? ¿Cuántas veces hemos oído en estos años que la invasión de Irak por parte de Estados Unidos equivalía a abrir una caja de Pandora? ¡Pandora! ¿Lo ven?

Pero dejen a un lado toda esta morralla semiológica del CCC, perdónenmela. Y perdónenle a Cameron que su guión sea rudimentario, o que la escaleta de Avatar se parezca demasiado a la de Titanic, o que antes hiciera películas sobre chicas y ahora las haga para chicas. Si usted se relaja y la ve libre de prejuicios, como un niño, quizá le parezca que Avatar es un monumento cinematográfico que provoca una emoción parecida a la que se tiene cuando uno se para bajo la fachada de la Catedral de Colonia, o de la Sagrada Familia, o de la Capilla Sixtina. Como ésas, Avatar es una obra que usa elementos estructurales sencillos y trillados para soportar una cantidad abrumadora de ornamentos que nos dan una visión del mundo y nos remueven por dentro por su belleza, y por la complejidad de su técnica. Cameron y especialmente esta película representan la traslación al cine de esa grandiosidad que por algún motivo le consentimos a algunas novelas y a la más alta arquitectura, pero en el cine sigue haciendo levantar cejas a los escépticos profesionales. Avatar está hueca y llena de significado al mismo tiempo, como lo que es: una Catedral del Cine.

6 de mayo de 2009

Jotajota

Gracias a la nueva Star Trek hemos comprendido que LOST es puro JJ Abrams. Me refiero a que, al contrario de lo que creíamos algunos, Jotajota nunca renunció al input creativo en la serie que puso en marcha y abandonó al final de la primera temporada para dirigir Misión: Imposible III. Hay otra explicación, y es que la serie al completo se urdiera en su primer año, y que ya entonces supieran de la volatilidad temporal de la isla, de la existencia de LaFleur y de las paternidades locas que se avecinaban, además de otros asuntos. Pero no lo creo. Creo más bien que Jotajota ha aprendido de su maestro Steven Spielberg que en la nueva era de los medios la clave de la autoría –y de otras variables como el éxito empresarial y el seguimiento generado– está en la transversalidad.

Transversalidad que ya no consiste sólo en vender muñequitos de Jabba el Hutt al mismo tiempo que se licencia una serie de animación y se organiza un concierto de John Williams en el Hollywood Bowl; transversalidad que tampoco reside sólo en la figura el productor ejecutivo que toca tocas las teclas al mismo tiempo creando un emporio autoral como hizo Spielberg en los ochenta. La transversalidad que ha comprendido Jotajota es la que salta a un nivel superior del lenguaje hasta crear una identidad desde la que brotan proyectos que son siempre un Mr. Spock hijo de terráquea y vulcaniano, o de película de Godzilla y vídeo de Youtube, etc., llegando a la mezcla definitiva de cine y serie que suponen LOST y el nuevo Star Trek.

No puede ser casualidad que la trayectoria de Jotajota empiece en el cine, escribiendo el guión de A propósito de Henry, siga en la televisión ideando series, y regrese al cine dirigiendo dos películas que suponen una puesta al día cinematográfica de dos series míticas de su infancia. Jotajota lleva la palabra crossover escrita en la frente. La transversalidad entendida como vías paralelas, como caminos que se entrecruzan o separan a voluntad para acercarse o alejarse de los referentes que les dieron origen.

En el nuevo Star Trek hay una paradoja temporal, un hatch en el que vive recluído un tipo que se pasa la vida delante de un ordenador, un oso polar alienígena, un monstruo parecido al de Cloverfield, una hottie entre dos hombres que se odian tanto como se respetan, un padre muerto, y un equilibrio elegantísimo entre el cutrelux científico de los setenta, a lo Dharma, y el esplendor tecnológico de los dosmiles y pico. Pero también hay un niño sin padre criado en un lugar desértico con tabernas muy chungas (Iowa o Tatooine, da un poco igual), la ILM desatada, Ben Burtt en el (apabullante) sonido, y un sinfín de huellas de Steven Spielberg que ya se veían en el ojo de Abrams en M:I-III, como por ejemplo esos juegos de primeros y segundos términos tan cantosos como eficaces (hay algún estupendo plano-baile de personajes por la sala de control de la Enterprise), o esos flares tan kaminskianos que dan tanta vida y naturalismo a los planos de FX como agotamiento provocan en el resto de secuencias. Y todo ello encaminado a un fin: reinventar la saga que hacía la competencia a aquélla. Como coger el esperma de Marty McFly y usarlo para fertilizar a la madre de Biff Tannen.

Jotajota ha usado las enseñanzas del maestro Spielberg en todas las facetas del oficio, tanto conceptuales como empresariales y lingüísticas, y ha reiniciado Star Trek con verdadero ingenio, incorporando a la narración esa transversalidad que lo identifica. Gracias a esa paradoja, Jotajota ha inventado un presente alternativo en el que Kirk y Spock son personajes diferentes con trayectorias distintas a las que conocemos, una realidad alternativa jamás sospechada en la que Star Trek le da cien vueltas a Star Wars.

30 de noviembre de 2008

Inocente!

Francamente, se me hace difícil seguir leyendo sobre el asunto de los derechos de autor y el P2P. Sabemos que quienes defendemos las redes de intercambio libre tenemos la razón y que todo está ya dicho, pero también que, en el fondo y como todas, ésta es una batalla perdida. Pero de vez en cuando llega alguien como el Pianista, da un puñetazo en la mesa, y se casca un post imprescindible que hace que uno sueñe; que sueñe con una repercusión a la altura del texto, que haga que otros autores lo reflejen y lo implementen, y lo reboten hasta hacerlo accesible no sólo para los ordenadores sino también para las mentes de los que tienen capacidad de decisión en estos asuntos y aún no han perdido la integridad a base de estrechar manos y cheques. Un post que ilusiona. Llámenme inocente.

«Además, ¿no hay un contraste sorprendente entre el alcance global de la lucha contra el P2P y la relajación con la que se combate el top manta? Todos esos ridículos anuncios que el Ministerio de Cultura paga a precio de oro intentan convencernos de que no descarguemos obras, no de que no las compremos en el top manta. ¿Por qué?

Porque la oferta del top manta reproduce las imposiciones culturales del mainstream. En el top manta sólo se venden best-sellers y blockbusters. Representa un diezmo económico, pero es una pérdida asumible, un mal menor. Sin embargo, el P2P es un verdadero desafío al sistema, porque rodea sus imposiciones, recupera títulos que las grandes empresas decidieron enterrar, permiten que el espectador/oyente configure su propio catálogo cultural, fomenta la distribución horizontal, permite una comunicación directa entre el autor y el espectador. En definitiva, revive a la bestia negra de una empresa global de distribución de contenidos: la libertad.»

No, en serio: llámenme inocente. Lo soy, y usted también. A ver si se enteran de una puta vez: Mea Culpa y Caga Leyes.

Edito al día siguiente: ELPAÍS.com publica –titulándolo con la brillantez habitual– el decálogo de falsedades que nos intenta colar el Ministerio de Cultura. Véanlo aquí.

7 de noviembre de 2008

!!!

¿Recuerdan a los Bros, ese dúo pop de mellizos gayeteros que acercaba peligrosamente las ideas preconcebidas de homosexualidad e incesto en la época en la que todo era tela vaquera, barbas de cuatro días y pendientes para hombres?


¿...?

Pues bien, he descubierto algo desconcertante:



Sí, es Luke Goss.

Qué quieren que les diga. Me acabo de enterar.

15 de octubre de 2008

Y de pronto... ¡el Dr. Repronto!

Ya llegó la segunda tanda de episodios de esa crackada absoluta llamada Reflexiones de Repronto. Si, existe un (video)blog cuyo título incluye la palabra reflexiones y que sin embargo no tiene nada que ver con los comentarios inanes de un adolescente depresivo mirando por una ventana lluviosa.

Y si les sorprende que un videoblog sea tan divertido como inteligente es que no han entendido que entre la pretensión de divertir a un público y la de ir al fondo de las cosas no existe la más mínima diferencia.


27 de septiembre de 2008

Humor vs. Comedia (2ª parte)

Previously on !!! ponía el ejemplo de la música española de los 70 para explicar la necesidad que tienen los creativos de reproducir sus influencias al tiempo que se ven reproducidos en ellas, especialmente cuando el medio artístico en el que se mueven es nuevo y/o está poco explorado. Perogrullada: este fenómeno tiene que ver con lo más profundo de nuestra forma de ser y, como cualquier otra de nuestras cualidades, se ve amplificado o reducido por el medio en el que nos desenvolvemos. Si aplican eso a nuestras fronteras... en fin, ya me siguen. Permítanme que abrase con lo de la música un momento. Después de los años de renovar viendo lo que hacían fuera para ir contra lo que entonces era el Sistema, la música en España llegó a lo que se llamó Movida Madrileña, que en mi opinión es como el Ferrán Adriá que de tanto transgredir acaba en la coprofagia.

¿Quién soy yo y a dónde voy?
(¿Quién es él y a dónde va?)
¿De dónde vengo y qué planes tengo?
(¿De dónde viene y qué planes tiene?)
Gran ganga, gran ganga, soy de Teherán
(Gran ganga, gran ganga, él es de Teherán)
¡Calamares por aquí, boquerones por allá!
Aaaaaaah...


Me dirán que eso es comedia, no música. Me dirán que Almodóvar y McNamara eran algún tipo de sátira, y les daré la razón. Se supone que Sé lo que hicisteis también es una sátira, pero mi sensación es que termina convertido en aquello que parodia. Como Torrente. Como el Chiki-Chiki. No los desprecio, al contrario: admiro la maquinaria empresarial que llevan detrás. Querer ganar pasta con uno de esos fenómenos cómico-mediáticos está muy bien, pero tiene el problema de terminar quemando el producto. Del mismo modo que queman a los guionistas de comedia en España, como Santiago Segura quemó las intenciones de su personaje y como el Chiki-Chiki pudiera haber quemado, Eurovisión no lo quiera, al actor que está detrás. ¿Por qué? Porque no son comedia, sino humorismo. ¿Y qué es la comedia? La expresión de pánico que hay en mi cara al teclear esto.

Es casi imposible –y bastante inútil– dar una definición de comedia. Es un mecanismo tan primitivo como el fuego, tan simple y tan complejo a la vez, que podemos divagar acerca de sus características pero en realidad sólo interesa una cosa: si quema o no. Voy a dar una definición, de las miles posibles, y les pido disculpas de antemano por el cumshot intelectual que se les aproxima. Recuerden que hablamos en concreto de la comedia oral, discursiva, la que se ve en la mayoría de los programas de humor y en el stand-up. Atención:

La comedia es el discurso que racionaliza la realidad, la descompone en capas de prioridad, y la devuelve al espectador alterando el orden de las mismas. Aquí tiene el papel higiénico.

El humor, por contra, tiene más que ver con el cómo que con el qué. Humor es un acento, una jeta rara, un chiste de Jaimito. Cuando uno sobreexplota y sobreexpone el humor, sigue funcionando, y si se agota será por hastío del respetable o por suicidio del autor. En cambio, si se hace lo mismo con la comedia, deja de ser graciosa en el acto. Por muy genio que sea Woody Allen, si le ponen a escribir un programa de comedia de dos horas diarias al cabo de los primeros 20 minutos de programa las únicas risas que oirán serán las de su psicoanalista viéndose venir la factura del mes siguiente. Si cogen ustedes a Chiquito de la Calzada, uno de los más grandes cracks del humorismo –fíjense que no he dicho cracks de la comedia–, y le ponen a contar chistes a su manera durante dos horas todos los días, acabará usted hastiado y embrutecido, pero Chiquito será consistente en su trabajo. Tan sólo necesitará unos litros de Redbull.

Ésa es la verdadera tonterida española. Aquí tenemos un sentido del humor envidiable, nos reímos hasta de nuestra puta madre. Tenemos humoristas para aburrir, literalmente, pero cómicos en el sentido estricto ha habido muy pocos. Y los que ha habido han tenido un pie en uno de los géneros históricos sin llegar a lograr una autonomía creativa total: Miguel Gila en su costumbrismo, Tip y Coll en el surrealismo o Martes y Trece con su herencia del entremés, siendo muy grandes los cinco, son buenos ejemplos de esto. Gila en concreto es para mí lo más cercano que hemos tenido al stand-up comedian americano, al menos en las ocasiones en las que nos ha salido natural, sin copiarlo.

De ahí viene esto, ¿recuerdan? El copypaste lastimoso de SLQH a un clásico instantáneo de Sarah Silverman y el equipo de Jimmy Kimmel Live, que por cierto, les reportó un buen par de Emmys. Por supuesto, los chicos de la Sexta no son los únicos carteristas, como comentaba Galahan. Lo que yo digo, e intento quitarle hierro, es que eso es ser español ahora mismo en el mundo de la comedia. Copiamos porque estamos aprendiendo. Éticas difusas y malas artes a un lado.

Así funciona desde hace unos años, cuando gracias a Seinfeld alguien decidió importar el stand-up comedian y lo que trajo fue uno de sus géneros, la comedia observacional, y nos hartamos de escuchar a actores que no eran cómicos hablando de por qué las mujeres van de dos en dos al baño, de cómo responder cuando tu novia te pregunta si le queda bien el vestido, y por supuesto haciéndose la pregunta de por qué no construyen todo el avión del mismo material con el que hacen la caja negra. Pero si se fijan, la comedia observacional es ya por definición un refrito de elementos previos que no requieren un motor creativo propiamente dicho, sino más una capacidad regurgitadora –no lo desprecio, es un talento valiosísimo– que enlaza de alguna manera con la definición pedantesca que les he vomitado más arriba. España es un terreno especialmente propicio para esa hortaliza.

Por poner nombres, piensen en Pablo Motos, a quien descubrimos en El Club de la Comedia como uno de los pocos que desde el principio recitaban su propio material (o se le supone). Ahora vive de cosas como la incapacidad del españolito para pronunciar las letras de canciones (canciones, una vez más, de otra gente) o de plagiar sketches como éste un día y otro también. Otro ejemplo es el de Ángel Martín, un tipo más que competente que sin embargo no parece querer o poder escapar a la referencia previa: en La Noche de Fuentes empezó siendo la tercera entrega de la Trilogía Pánfila que empezó Tonino Guitián y continuó Ramón Arangüena, y ahora vive, directamente, de ser muy gracioso comentando la tele que hacen los demás. El mejor programa de humor que ha habido en años en España, Muchachada Chanante (¿La Hora Nuí?), tiene momentos de brillantez absoluta pero sin salirse de ese marco ibérico: un tercio de dichos momentos tiene que ver con una imitación y otro consiste en hablar con acento gárrulo-manchego.

Lo que les decía: eso es el Humorismo. El triufo del cómo sobre el qué; el refrito, la repetición de esquemas de éxito, los acentos, las muecas, los trompicones; la conexión con la nostalgia y el elemento generacional, que suponen puentes más directos que los trabajos arduos de creación de la Comedia: las grandes sitcoms, la técnica infalible de los monólogos de Johnny Carson, los andamiajes lingüísticos del maestro Carlin o el glorioso Who’s on first? o la maquinaria (por épocas) perfecta de Saturday Night Live. The craft, que le llaman. El Oficio, que entraña una ética profesional, un rigor, un respeto al público, y en especial al trabajo de uno mismo. Eso de lo que aquí andamos sobrados. ¿Recuerdan que en un capítulo de Studio 60 prácticamente sacaban a los abogados de la cama ante la posibilidad no comprobada de haber plagiado material ajeno por accidente? Pues eso.

Humor o Comedia. Decidan ustedes dónde colocar ambos mundos en su esquema de prioridades: son el público, así que tendrán razón. Mi opinión es que mientras los españoles seamos como somos, tendremos mucho humor y muy poca comedia.

23 de septiembre de 2008

!!!


No sé dónde oí que en las relaciones, el gran problema de los hombres es esperar que ellas no cambien nunca, y el gran problema de las mujeres es pretender que nosotros cambiemos.

He aquí una gran lección acerca de las relaciones, por gentileza de Tom Kapinos y su Californication (s02e02):

Él es quien es, mamá. Lo sabías cuando te subiste al coche con nosotros. Si te preocupa haberte equivocado, no es culpa suya. Tienes que quererle por cómo es, no por su potencial.

Dicho por una niña de 15 años. Qué serie.

2 de septiembre de 2008

Ha muerto Don LaFontaine

El cómico Pablo Francisco tiene un bit muy conocido en el que imita la voz de los trailers made in Hollywood. Sin ponerle nombre, está hablando de Don LaFontaine, que murió ayer a los 68 años, convertido en una institución y dejando atrás un buen carro de horas de cabina y un vacío importante en esa experiencia que es ir al cine en EEUU.



Este tío representa eso de lo que hablamos todo el día en el audiovisual, eso que alimenta tópicos de todos los tamaños, colores y sabores. En Don LaFontaine está resumido ese nosequé que pone un mundo de distancia entre Hollywood y el resto del planeta.

Esa voz era una marca, era una denominación de origen. Esa voz era un mundo.

1 de septiembre de 2008

Reivindicando "Urgencias": los 10 mejores capítulos.

Me llama la atención que en los blogs, foros, cenas y demás tertulias en que machacamos una y otra vez con esta época dorada de las series USA nunca se mencione Urgencias. Parece ocupar algún tipo de segundo plano cualitativo, por detrás de los brillos de otras que han venido después y que han consolidado el fenómeno televisivo que surgió de la biopsia industrial y artística, a puerta cerrada, a las grandes series-cine desde los 70 hasta principios de los 90.

Y es que ésta es la primera de las series que rompieron los esquemas y encontraron una fórmula de éxito meets calidad lo suficientemente holgada como para permitirles todo tipo de filigranas una vez estuvieron asentadas y a salvo de la cancelación. Salió de la alargada sombra de Steven Spielberg, que por aquel entonces tenía una humedad muy grande por Michael Crichton, que contaba en un supuesto guión de telefilm sus experiencias como estudiante de medicina y sus prácticas hospitalarias. Los execs de la NBC no eran los de ahora: ellos dieron luz verde a Frasier y Friends en años consecutivos, e hicieron transformar aquel guión en el piloto de una serie mágica que hay que reivindicar por todos los medios.

Pinche para ampliar y encuentre la coña.

Así que allá va, mi primer top 10, que ya se sabe que si no se postea uno de vez en cuando esto ni es un blog ni es nada. Toménselo como una guía para entrar en esta serie en diez cómodos plazos, descubriendo primero unas cuantas de sus genialidades, y luego todas las demás. Allá va.

10. s14e07. Blackout

Éste es un capítulo fascinante por dos motivos. El primero es que le hace a uno preguntarse cómo carajo se puede mantener el listón tan alto después de catorce temporadas explotando hasta el último recoveco de un formato. El segundo tiene que ver con el estudio de los personajes, y con cómo retener un momento durante ocho temporadas. Blackout, el apagón, es el punto en que toca fondo un personaje, el de Abby Lockhart, ex-enfermera y doctora alcohólica en perpetuo estado de fuga emocional. Hay arcos dramáticos que se cuecen a fuego lento, y éste es uno de ellos. Este capítulo-catarsis –lo serán muchos en esta lista– empieza con Abby huyendo, con su bebé en brazos, en mitad de un apagón catastrófico que es la metáfora perfecta del colapso definitivo de un personaje en su última temporada en la serie, y hacen falta muchas tablas para contarlo encadenando casi una estructura de whodunit (o de shedunwhat?!), cocinada durante ocho años ante nuestros ojos, que consigue que el fundido a negro final sea el verdadero clímax del capítulo. Ahí es nada.

9. s05e16. Middle Of Nowhere

Rara vez se analizan las series desde el más puro pragmatismo de producción, que las más veces es lo que realmente da forma al producto final. Cuando uno le debe una semana de vacaciones a su equipo puede hacer dos cosas: cerrar la serie y esperar sentado al borde de la silla que el mundo no se desmorone en ese rato, o coger a un actor y al equipo indispensable y salir a rodar en exteriores. En Urgencias esto se suele hacer una vez por temporada, y he escogido este capítulo en concreto porque es el más lúdico de todos. No esta metido con calzador ni mucho menos, pero mientras en otras temporadas se usa el hueco para relatar trabajosas transiciones vitales, como un viaje para esparcir las cenizas de un ser querido o la búsqueda angustiada de un hijo desaparecido, en este caso decidieron tirar de personaje estático, puro y duro, y hacer un capítulo que podría resultar perfectamente en un spin-off más que razonable... si no existiera Doctor en Alaska.

Aquí, el Dr. Benton se enfrenta a su contradicción interna de trepa pobre puteado por el color de su piel convertido en cirujano snob y elitista, en un pueblo de mierda llamado LaVerne, Mississipi, en el que tiene que pringar si quiere sacarse un sobresueldo con el que pagar un costoso tratamiento para su hijo. Ponga un elitista negro en el sur y tendrá diversión garantizada.

8. s03e04. Last Call

Dentro de esta lista, éste es uno de los episodios que mejor condensa la tónica general de Urgencias: el costumbrismo heroico, las anécdotas reales interpretadas por el equipo de guionistas-médicos –unos cuantos lo son– y la epopeya de largo recorrido de los protagonistas, que viven, como todos nosotros, revoluciones puntuales y moderados cataclismos vitales.

Hasta este punto sabíamos que el Dr. Ross era un fiestero y un jugón. Aquí llega el momento en que se le cae el pelo y tiene que llevar a la práctica esa máxima inexcusable de Pulp Fiction que dice cuando yo lleve una zorra moribunda a tu casa, seré yo quien le ponga la inyección. Si les apetece pueden ver el arranque aquí, fijándose en lo apropiado de la realización, en esos grandes angulares a punto de macro. Cuando lleguen al 3.45 será suficiente: ya se sentirán tan jodidos como el personaje.



7. s03e14. Whose Appy Now?

Los juegos de palabras en los títulos son frecuentes: el qué apendectomía toca ahora / quién ríe ahora se refiere al día en que el Dr. Benton, tutor de residentes, puteador de novatos y responsable incluso de algún que otro suicidio, se coge una apendicitis de órdago y tiene que ser operado de urgencia por el Dr. Carter, su eterno aprendiz, a quien vimos forjar su carácter de forma maravillosa durante once temporadas.

El otro interés de este capítulo radica en que, casi en un cachondeo metalingüístico parecido a una burla al propio personaje, supone una pausa manifiestamente cómica en una temporada bastante dramática. Además, la artesanía de este guión es capaz de entrelazar en el mismo episodio varias tramas de comedia con una más seria que un infarto, y salir airoso y con nota.

6. s12e13. Body & Soul

Éste es de esos capítulos que al terminar le hacen a uno suspirar de emoción mientras murmura serán cabrones, lo han vuelto a hacer. James Woods estuvo a punto de ganar un Emmy por este capítulo, en el que interpreta a un profesor universitario que ingresa en el hospital para pasar los últimos momentos de una esclerosis lateral amiotrófica que arrastra desde hace años ante los ojos de muchas hornadas de estudiantes. Su proceso degenerativo se nos cuenta en flashbacks de adelante a atrás, para terminar con una revelación que le da sentido a todo, atando el capítulo con una habilidad casi poética. Otra virguería de episodio que puede servir para que usted descubra una serie.


5. s06e14. All In The Family

Para quienes somos fans de Urgencias, David Krumholtz, el protagonista de Numb3rs, siempre estará grabado a fuego en nuestras mentes como Paul Sobriki, el esquizofrénico que acuchillaba al Dr. Carter y a la médico en prácticas Lucy Knight en uno de los cliffhangers más desoladores que se recuerdan. El siguiente es un capítulo agónico en el que todo el personal médico se enfrenta con la fragilidad de la vida de los pacientes... cuando los pacientes son ellos.

Miren el arranque, que termina cuando entra la cabecera, y piensen que esto es jugar con el público. He aquí cómo (mal)tratar a unos cuantos millones de espectadores cuando saben que detrás de una puerta, en un box oscuro y abandonado, están dos de los protagonistas perdiendo la vida gota a gota sin que nadie lo sepa. Observen la llegada tortuosa de la Dra. Weaver desde lejísimos, con esa puerta desangelada en primer término, o el hallazgo del plano general de la habitación desde fuera, con el angelote enfermo como un adorno molesto en un pastel de San Valentín.



El resto del capítulo es un chute de adrenalina de 40 minutos puntuado por dolorosas descargas de desfibrilador. Un capítulo que no desmerece a la tensión y el mareo frenético de la mejor película de acción, con la diferencia de que aquí asistimos a los destinos de personajes en cuyo desarrollo los creadores han invertido años de su tiempo, y del nuestro. No tiene precio el Efecto Richard Fish; recuerdan, el abogado sieso, cínico e imperturbable de Ally McBeal, cuyo abatimiento tras la muerte de Billy resultaba mucho más dramático que el de cualquier otro personaje. Pues bien, si no son fans, en este capítulo conocerán al mítico Dr. Romano, el precursor de House –a quien da más vueltas que la hélice de un helicóptero–. Su sorpresiva involucración emocional en lo que ocurre en este capítulo es más desarmante que la de cualquier otro, y supone una nueva lección de lo que se puede conseguir reteniendo la espita de la olla a presión durante un periodo mucho más largo de lo que cualquier guionista está dispuesto a soportar de antemano.

4. s08e21. On The Beach

Soy consciente de que si ven este capítulo sin haber pasado por las ocho temporadas anteriores es posible que les deje igual que estaban. Quizá no, ya me dirán. Sin embargo creo que no se puede llegar mucho más lejos en cuanto conexión emocional con el espectador. Este capítulo, en el que se cuentan los últimos días de vida del que hasta entonces fue el protagonista de la serie, es una verdadera joya en ese sentido, porque consiste en un relato de relevo generacional –que se reprodujo a muchos niveles en la serie– encarnado por la necesidad de un padre de llegar a despertar la empatía de su hija adolescente mientras ata cabos y se prepara para abandonar este mundo con tranquilidad y resignación. Por el camino, momentos de una belleza sorprendente en este medio, y la noción como espectador, a medida que el capítulo avanza, de que se nos están llevando por delante sin remedio. Con sobriedad, sin aspavientos, la madurez en el arte de la televisión hecha capítulo: a los compases de Israel Kamakawiwo'ole, ningún aficionado a Urgencias se despidió del Dr. Greene sin lágrimas en los ojos.

3. s04e01. Ambush

Nada mejor para celebrar la renovación después de las tres primeras temporadas que un capítulo en directo. Sí, en directo. Grabado a la vieja usanza, como una obra de teatro, saltando entre varias unidades en distintas partes del set, con los miembros del equipo vestidos de personal sanitario por si entraban en cámara, y parando a la señal de corte publicitario. Y recuerden que en lo relativo a la televisión, Estados Unidos tiene dos franjas horarias, una para cada costa. Así que un capítulo en directo ha de hacerse... ¡dos veces!

Para semejante do de pecho –recuerden: el prime time no es ninguna tontería– llamaron al reputado director Thomas Schlamme, que años después sería responsable de ese monumento audiovisual que es el piloto de Studio 60, y se inventaron una excusa que les permitía el margen de maniobra óptimo: un equipo de televisión pasa un día en la planta de urgencias grabando un reportaje en plan reality de lo que allí sucede.

Y hubo gran alborozo.

La cosa fue como la seda. George Clooney quiso repetir la experiencia en Fail Safe, acompañado de nuevo por Noah Wyle, y Urgencias se consolidó como lo que era: una puta obra maestra.

2. s10e02. The Lost

Un día suena el teléfono en Urgencias. Lo coge la chica nueva y recibe la noticia de que el Dr. Kovac, de voluntariado en el Congo después de cinco temporadas en el show, ha fallecido. The Lost es la crónica de dos viajes. Por un lado, Carter recorre el país en jeep siguiendo los pasos del desaparecido para poder repatriar sus restos y enterrar las rencillas en su mala conciencia. Por otro lado, asistimos al viaje de Kovac, a cargo de un hospital de campaña y enfermo de malaria, huyendo de los horrores de la guerra con un puñado de refugiados en los 19 días anteriores a la noticia de su muerte.

Hay dramas que suelen quedarse fuera de los intereses del prime time americano. El de las guerras en África es uno de ellos, pero es la clase de cosa que uno se puede permitir si uno tiene una serie casi intocable –en aquel momento– y cuando la necesidad creativa de ir más lejos se impone a la comodidad de un formato dominado. En este capítulo no hay nada de lo que conforma la identidad de Urgencias como serie. Y sin embargo, no hay un capítulo más acojonante y más Urgencias que éste. Su pulso narrativo está a la altura de los mejores momentos de 24 o Lost, con el mérito de ser un terreno, el del melodrama, que se presta menos a ello. Si no lo he puesto en primer lugar es precisamente porque se sale de los esquemas que definen la serie, pero no es un mal capítulo para entrar en ella por la puerta grande. Masterfuckingpiece.

1.s09e21. When Night Meets Day

Cuando uno es un genio como estos tíos, hace cosas geniales cuando le da la gana y no en otro momento. Seguro que ésta era una idea que les rondaba la cabeza desde hacía tiempo, pero decidieron reservarla para un capítulo especial: el número 200. El día de un eclipse total, cuando la noche se junta con el día, las Urgencias se llenan de tarados que advierten del fin del mundo y otros ejemplares de fauna sociópata. Es el momento que la serie escoge para contarnos en paralelo los dos turnos de una jornada: el de día y el de noche. Los médicos van rotando, pero muchos de los pacientes permanecen, siendo tratados o haciendo horas en la sala de espera.

El guión de este capítulo, firmado y dirigido por Jack Orman, es todo lo alto que se puede llegar en televisión, uno de los momentos gloriosos de las series de las que hablamos sin parar de blog en blog. Tiene el elemento inusual de casi todos los capítulos que menciono en esta lista, pero dentro de la más pura esencia de lo que es esta serie, luciendo al mismo tiempo una calidad técnica y narrativa impresionantes y una capacidad evocadora que muy pocos han conseguido sacarle a ese electrodoméstico que tiene usted en el salón de su casa.

Es la mejor puerta que se me ocurre para que, si es usted de los que no pillaron Urgencias a tiempo, le eche un vistazo. Si viene de admirar las otras seriazas de la nueva ola, debería poder detenerse en ésta, que fue la primera. Este 25 de septiembre empieza su temporada final, la decimoquinta. Están a tiempo de engancharse y ser testigos de un series finale histórico: el de la que inauguró la Nueva Era de las series.

27 de junio de 2008

!!!

Les explico lo que iba a hacer:

Me había planteado postear sobre una película que se estrena hoy, que tienen que ver sin falta lo antes posible, pero me siento incapaz de superar la pereza veraniega, mi incapacidad para el multitasking, y en especial todo lo que otros blogueros mucho más aplicados y brillantes han escrito ya sobre ella. Yo habría evitado la criticosis, pero le habría dado una vuelta al elemento paradójico de la aventura del protagonista, aunque habría sido una paja mental lastimosa e inútil con toda probabilidad. Por un rato me planteé escribir una súplica más o menos disimulada para que salven un poco la taquilla y así podamos ir elevando poco a poco el criterio de los distribuidores españoles (y del público, qué carajo), pero a la vista del éxito de 3 Días he preferido no hacerlo. Tampoco habría sobrado una ristra de piropos a la chica de la película, una lista tan vergonzante como descarada, reprobable desde cualquier punto de vista, pero me habría garantizado una orden de alejamiento. Por último pensaba reflexionar con ustedes sobre una casualidad concebible rematada por otra mucho más desconcertante, que me atormenta desde hace unos días, pero me queda mucho que demostrar antes de poderla contar sin la sospecha de que me están tomando las medidas para la camisa de fuerza, o por un loser oportunista y maquiavélico. El post iba a terminar con una lista de enlaces para la ocasión, pero Noel se me ha adelantado, así que a la mierda. Dejen de leer esto y vayan ahí. Y después, al cine.

Entiendan que no podía ser yo el único bloguero de España que no hablase de esa película.

21 de junio de 2008

!!!

Miren qué patán, en El Norte de Castilla de hoy.

21 de mayo de 2008

Tú antes molabas

En la reciente tradición de las series larrydavidianas hay de todo, y nada bueno: frustrados, losers millonarios, neuróticos, sociópatas, ególatras, envidiosos patológicos, pervertidos, adictos, exhibicionistas y toda clase de malparidos. Por eso nos encantan.

No se lo pierdan, porque esa corriente acaba de traer a la orilla su primer hijo español. Antonio Castelo y Adolfo Valor no vienen de crear una serie de 200 millones en sindicación, ni han protagonizado una sitcom de diez temporadas a millón de dólares por capítulo, ni han logrado perder 60 kilos de peso. Pero no importa porque, como todo el mundo sabe, en el audiovisual español las cosas buenas no queda más remedio que hacerlas al revés. Por eso se han tirado a la piscina y han arrancado la ciberserie Tú antes molabas, que podría llamarse sin problema Tú vas a molar, Tú te molas, o Tú molas, chico, dicha ésta última imitando a Ricard Solans.

Cuando la vean, sepan que están viendo un trocito del futuro. Qué trozo es ése, ni puta idea. Pero entre esto y el Cronojuego pueden ustedes hacer tiempo en lo que saco un rato para atacarles con la segunda parte de Humor vs. Comedia. No desesperen: será tan petulante, pestífero y arrebatadamente ignorante como esperan, y puede que un poco más. Salud.

25 de abril de 2008

3 Días

Hay veces que uno va a ver una película con verdaderas ganas. Hoy se estrena 3 Días, y es una de esas veces. La idea de un pepino espacial que va a chocar contra la Tierra me deja bastante frío en el esquema americano de las cosas; sin embargo me pone bastante peleón si tiene lugar en el culo de Andalucía, entre cardos borriqueros y pozos secos, a la sombra de los crímenes de un asesino en serie, y sabiendo que el piedro va a caer al cuarto día, sí o sí, te pongas como te pongas.

La dirige F. Javier Gutiérrez, y fíjense en él, porque además de ser jodidamente encantador es un tipo que sabe lo que hace. Esa asociación cultural (de la que usted forma parte) que es el Cine Español –entendido como hecho diferencial, ya saben– será el que decida si este señor ha llegado para quedarse, montado en su meteorito, o si pondrá pies en polvorosa y se marchará a descubrir América, que es lo que me da a mí que se está planteando. Y espero que no lo haga, porque es la clase de cineasta que necesitamos por aquí. Tiene una puesta en escena que cuenta cosas con un solo fotograma, independientemente de la punta que le quiera usted sacar a lo que está pasando, a base de trabajar elementos que, no debiendo, todavía sorprenden por aquí, como las atmósferas de sonido bien curradas y un intermedio digital bien llevado. Viendo 3 Días no tuve la sensación, que sí tengo con gran parte de los realizadores españoles, de que el director no sabía lo que iba a pasar a continuación delante de la cámara. No sé si me explico.

El guión es otro tema, pero como hoy me ha sentado bien la comida no voy a ser muy perro. Tampoco es que a nadie le importe un cuerno lo que tenga que decir, pero en este caso merece la pena ahorrar en improperios. Me gustaría saber más sobre lo que sucede desde que Juan Velarde escribe su historia hasta hoy que se estrena la película (si alguien de la producción tiene la amabilidad...), pero como no lo sé debería callarme la boca. Podría especular sin tener ni idea, que para eso tengo un blog –o qué pensaban–, y decir que las distintas versiones del guión están entretejidas una sobre la otra con demasiado relieve en las costuras y, sobre todo, con la mano grande de la Producción amasándole la cabeza a los creadores en algunos elementos, haciendo que las cosas no lleguen hasta el extremo al que debían haber llegado, manteniendo a la película a ras de suelo cuando podría haber ido más lejos.

Hay más problemas, pero ya digo: no merece la pena despotricar porque, además, usted debe ir a ver esta película. Dése el gusto de ir al cine español a ver dos millones de presupuesto currados en realización y producción de manera tan fina que hacen lucir el conjunto como si hubiese costado doce. Disfrute de una película diferente, de las que todavía no se hacen aquí, y llegado el día sólo se podrán hacer aquí, a salvo de los focus groups, el marketing previo y la ampulosidad global americanos. ¿Cuántas películas españolas ha visto usted como ésta, que arranquen con un planazo y terminen con otro planazo? Pues eso. Tiene que ir a verla para que sus seis euros aparezcan en las cifras de taquilla y los productores de este país se animen a meterse en jardines como el de esta película sin tener que hipotecar su casa. Hágalo para que F. Javier Gutiérrez no huya de España... ¡su blog ya está en inglés! Si usted se para, el cine español le atrapa. Por favor, que toda esta publicidad gratuita haya valido para algo.


4 de abril de 2008

Humor vs. Comedia (1ª parte)

De las muchas conversaciones suscitadas por el anterior post, en el que me metía con Sé lo que hicisteis la última semana, he sacado la impresión de que el panorama está dividido entre los que toleran ese tipo de humor, por intrascendente, y los que ven en la comedia televisiva española un irritante quiero-pero-no-puedo, un trabajo hecho a medias. Mi filosofía es que querer es poder, de modo que un quiero-pero-no-puedo es en realidad un puedo-pero-no-quiero. Y en cuanto a la intrascendencia como excusa para la cagada fría de paloma, qué quieren que les diga. En este blog consigo no hablar de guión, pero no puedo evitar hablar desde el guión, y estas chumineces, aun sabiendo que lo son, me las tomo en serio. ¿Me lo perdonarán?

Lo que me queda claro es que por mucho que intentemos salir del bucle, seguimos siendo fieles a lo que desde el fin del franquismo ha sido la tradición cultural de nuestro país, por lo menos en lo relativo al audiovisual, que no deja de ser una muestra más de la naturaleza bipolar que usted y yo tenemos como hijos de este país. El español es un animal extraño: además de los cuernos, tiene la boca muy grande –a mí me lo van a decir–, un ojo a cada lado de la cabeza como los camaleones, un largo cuello de jirafa para mirar bien qué hace el vecino y anchas patas de elefante que le obligan al mayor contacto posible con el suelo que ha pisado siempre. Así, por mucho que miremos lejos con nuestro cuello telescópico, seguimos sin movernos del sitio, y hagamos lo que hagamos siempre parece que volvemos a nuestro suelo, por lo general de bruces, para repetirnos o regodearnos en aquello de las raíces.

Y nuestras raíces son las que son. El rollo aflamencao que nos hace exportar la Macarena, tener el destape y el guerracivilismo como grandes corrientes cinematográficas, y vivir del corazón a base de comerlo de primer plato en el menú de la tele. Somos el flamenco, las tetas, la Guerra Civil, el cotilleo, el tonto del pueblo y el señorito que se ríe de él. Y a eso terminamos volviendo: las listas de ventas suelen estar llenas de gitanadas (con perdón), por algún motivo Vicente Aranda sigue haciendo películas, y en España hay una revista de información supuestamente seria con una chica en pelotas en la portada . No digo que esté mal. Digo que es lo que hay.

Pongamos por ejemplo el mundo de la música. Cuando Franco ya empezaba a estar tocado de la próstata en los mercados negros de la cultura se producía un acceso al exterior que llegaría a desatarse con la muerte del dictador, importando a nuestro país los estilos de fuera. Entró la beatlemania, y empezamos a cambiar el jamón serrano por el lomo de sajonia. El panorama musical se llenó de grupos de pop con influencias británicas y de estilos que se daban de palos con los que marcaba la tradición ibérica. Los compositores empezaron a beber del exterior, a aprender de los que entonces sabían más porque se habían formado en un ambiente en el que las ideas podían fluir. Crecimos a base de reproducir, y Miguel Bosé hizo fortuna como imitador profesional de David Bowie.

Eso está muy bien. Uno aprende imitando cuando es pequeñito, descubriéndose por contraste, creciendo, y terminando por ejercer de sí mismo con el repertorio de lo aprendido. Uno pone su foto junto a la de aquellos a los que admira, y la mira y la explora hasta que descubre dónde empieza él y termina el otro. Cuando yo iba al cole, en Educación Plástica de 2º de EGB te daban un papel de calco para copiar un dibujo, y si te salías del contorno del original te metían una hostia. En eso consiste tener maestros: en copiarles por sistema hasta que llega el día en que, por primera vez, no estamos de acuerdo con su criterio.

Y en esa etapa está el mundo del humor en España, por lo general. Imitando, copiando, llamándolo plagio cuando copia con torpeza. Hoy en día, en lugar de beber del Reino Unido como antes, buscamos a los maestros donde están: en Estados Unidos. Así, hace unos años descubrimos la sitcom y empezamos a hacerla malamente (Canguros, Hermanos de Leche), para luego comprender que las risas enlatadas se debían al doblaje, y que las sitcoms de verdad tienen público en directo; ahí empezamos a saquear Friends de manera sistemática (Más que amigos (!), Siete Vidas). Más tarde descubrimos el stand-up confundiéndolo con la comedia observacional (El Club de la Comedia), pero un error lo tiene cualquiera. Ahora hemos descubierto las series de media hora: a ver cuántas generaciones de ejecutivos de televisión tienen que morir para que se asienten como formato.

Pero en éstas que hay un problema. Tengo la teoría de que en España no somos capaces de hacer comedia, y desde que ha muerto Rafael Azcona, mucho menos. No es por falta de sentido del humor, de ése tenemos de sobra. Lo que nos falta es la técnica, que es la herramienta que podría separar el cuello de jirafa de las patas de elefante, lo único que podría sacarnos de esa idiosincrasia nuestra, tan cañí, para poder mirarnos desde fuera, ver nuestro contorno, y poder regresar a la foto sabiendo dónde termina lo que somos y empieza lo que podemos ser; dónde termina el humorismo y empieza la comedia.

Explicaciones, ejemplos y más morralla condescendiente en la segunda parte.

26 de marzo de 2008

Vergüenza torera

En el mundo civilizado, que como saben no queda por aquí, la comedia es algo muy serio. La integridad creativa, la ética profesional, se lleva a rajatabla. Puede que sea por miedo a una demanda sodomita por plagio, o quizá por temor a que el público, que allí manda y aquí obedece, decida no pagar su entrada para el espectáculo de uno. En cualquier caso, cada vez que un cómico le deja un milímetro de terreno a la sospecha de que ha ido por ahí con material de otro, se monta un cisco de primer orden en el mundillo.

En Youtube encontrarán muchas acusaciones dirigidas a algunos cómicos de mucho talento y más éxito, como Carlos Mencía o Dane Cook, que tienen bits parecidos a otros de otra gente. Que sean o no plagios más o menos discutibles es algo que no importa; la sola acusación es una mancha en el currículum, y si los dos cómicos que he citado no fuesen, ahora mismo, los dos que más gente llevan a sus espectáculos (Cook reunió a 18.000 personas en su primer HBO special, y Mencía tiene la mayor audiencia de Comedy Central después de South Park), estarían jodidos. Ante la duda, los promotores empezarían a pasar de ellos, y puede que tuvieran serios problemas para seguir en el negocio, o a cambio necesitarían años de lavado de imagen o pasar por algún rehab estúpido como Isiah Washington o Michael Richards. Ya se saben la de Ashlee Simpson: la pillaron haciendo playback en Saturday Night Live y tuvo a todo el mundo hablando de ello durante semanas. Aquí pasaría eso si alguien cantase en directo.

Todo esto viene a un plagio estúpido (mención a Castelo por enseñármelo) de Sé lo que hicisteis la última semana, aunque, la verdad, con ese título no sé por qué un plagio debería sorprender a nadie; el vídeo saqueado es la última genialidad de Sarah Silverman, cuyo nivel de crackismo tampoco es sorprendente.

El robo en sí no es lo más grave. Uno aprende de los mayores a base de imitarlos; un chiquillo de 15 años ve una escena molona de una película, la reproduce en vídeo con sus amigos y la cuelga en internet. Un profesional ve a los cómicos que admira, se los empolla, asimila lo que ve y luego hace... algo distinto. Una cosa es la influencia y otra el saqueo porque sí. Reconocer que es un robo usando la palabra homenaje no lo justifica, casi lo pone peor. Uno homenajea a quien lleva años siguiendo, no un vídeo que te has encontrado en un blog; uno homenajea con estilo al día siguiente, no mes y medio después. Y sobre todo, uno homenajea cuando no lo necesita.

Lo peor es que tal y como está planteado, un plagio como éste no tiene el más mínimo sentido. No es gracioso. Un buen guionista de comedia debería saber que mantener el cuerpo de un bit cambiándole la premisa es una receta para el desastre. El elemento sorpresa del cameo de Matt Damon se da de hostias con la mera imagen de Micky Nadal sentado en un sofá muuuchos segundos antes de la canción, por muy buena que esté Martina Klein. Copiar un bit quitándole su núcleo, la frase I’m fucking Matt Damon, es como comerse una hamburguesa de soja, no me jodan. Además, justificar en guión el tema de acostarse con alguien como excusa para cantar la canción es como escenificar un chiste de Jaimito en el que lo interpretase un niño con Síndrome de Down; sería contar que el Coyote llevaba 6 semanas sin comer y tenía cinco cachorritos que alimentar. La persecución del Correcaminos dejaría de tener la más puta gracia.

En resumen, hay que tener un poco de vergüenza torera, y contener los impulsos de pegar tu foto al lado de la de los grandes. La lección a aprender es la siguiente: si vas a plagiar un bit, PLAGIA EL PUTO BIT. No disimules. Cógelo, transcríbelo, y luego te lo follas. Sólo un idiota intenta atracar un banco con una pistola de juguete. Hay que robar como es debido, que los ladrones somos gente honrada.

9 de noviembre de 2007

Greenzo

El último capítulo de 30 Rock lo tiene todo. Entre otras cosas,

David Schwimmer vestido de superhéroe verde (que me hace recordar al armadillo navideño).

El plano Hitchcock de zoom out y dolly in.

Una poptart en una teta.

El secretario de Keyser Sozé.

Un Harlem Globetrotter.

Cuatro rubias holandesas espectaculares.

Tina Fey con un vestido ajustado.

Tina Fey disfrazada de Harry Potter.

Alguien responsabilizando del cambio climático a la empresa dueña de la NBC .

Un build-up de medio capítulo para un acontecimiento que se salta en elípsis.

Una serpiente.

Una cuarentona con sobrepeso en topless agarrándose los pechos.

Un pintalabios de la marca Orgasmo de Tigre.

Alec Baldwin con este peinado.
Una metáfora cínica sobre cadenas de TV intentando sacarle rendimiento a esta (y cualquier otra) crisis medioambiental.

Al Gore dando un discurso apasionado en prime time sobre poner a un personaje dando un discurso apasionado sobre el medio ambiente en prime time.

La Tierra en llamas.

La última fiesta en casa de Kenneth Purcell.

4 de noviembre de 2007

!!!

Observen esta foto del blog de Nacho Vigalondo:


Hay varias explicaciones posibles:

Locke es aficionado a la ventriloquía, y se ha hecho un muñeco de Vigalondo a escala, o

Vigalondo es el ventrílocuo, o

Locke ha vuelto a la silla de ruedas, y Vigalondo está sentado en su regazo, o

Vigalondo está esperando a que Locke le de un pico en los morritos, o

De tanto flashback, Locke ha terminado en Los Cronocrímenes, o

Locke posó con él porque pensaba que era Karra Elejalde, o

Locke está pensando: "como se me acerque otro con camisa hawaiana lo reviento", o

Vigalondo es Jacob, o

L O S T

3 de noviembre de 2007