No me gusta un pelo meterme a comentar lo que ya está comentando todo el mundo. Pero si hay temas que me tocan los esféricos más de lo normal, éste es uno de ellos. Y hay un par de cosas que no he escuchado en ningún medio y me parecen importantes. Entre ellas, la moraleja política a extraer de todo este pifostio que tiene mucho de prefabricado y, por tanto, de mentira.
Está claro que hay un porcentaje de votantes del PSOE que van a dejar de serlo en las próximas elecciones. Sin embargo tengo la sensación de que no será relevante en la cuenta de escaños. Creo que es algo mayor la cantidad de votos del PP que quedarán en blanco con esta lejía mediática que ablanda el seso al más pintado. Los que ya lo tienen blando y espongiforme salen a la calle con sus banderas del puto toro de Osborne y llaman asesino, radical y sectario al mismo tipo al que hace dos años llamaban Bambi, prueba ésta notable de la cantidad y calidad de la estupidez que lleva el borrico en las alforjas. Los tifosi del otro bando, que por temporadas han sido más peligrosos, siguen haciendo de las suyas en su pertinaz labor de remodelación del mobiliario urbano vasco. Los unos han subido el volumen a la par que los otros han ido plegando el chiringuito, o el batxoki, por seguir con la tontería. Por fortuna, ambas hordas son ruidosas pero poco representativas de la voluntad de un pueblo-en-general que, tengo yo la sensación, está más a otros asuntos, aunque no le quite un ojo a éste. (A todo esto, pueden consultar
el Pulsómetro de hoy del Instituto Opina; es interesante a este respecto.)
Ahí van unos pensamientos que me ayudarán a organizarme el tarro y, así, de paso, me dais vuestra opinión si os sale de la breva.
– ETA está acabada. Todos lo sabemos. El primero, el Partido Popular, que contribuyó a ello desde el gobierno pero intenta por todos los medios retener el momento en que todos saquemos el champán y el confeti hasta el día en que vuelvan a estar en el poder. Los asesinos también, que andan a la chita callando, pegando una hostia en la mesa de vez en cuando para no perder la
pole position en las negociaciones por venir. Hay dos pobres ecuatorianos que pueden dar fe de ello.
– ETA nunca aprobó la huelga de hambre de De Juana, porque la veía como un obstáculo más para el Proceso de Paz. De hecho, en
su comunicado del 9 de Enero da a entender que la hipotética muerte del asesino culminando su protesta sería una excelente arma del Gobierno en la negociación, por la cual ETA, se supone, podría ceder terreno ante el Estado. Si un hecho concreto como éste es visto por los dos bandos como una herramienta para el contrario... es que tal herramienta no existe y, por tanto, De Juana sólo está sirviendo a unos intereses: los suyos.
– A cuento de todo esto se dicen miles de gilipolleces. La mayor de ellas, canturreada todo el tiempo en los medios de la derecha, es que “Zapatero va a entregar Navarra”, como si fuese un rey visigodo o algo. Nadie parece querer aclarar que el Presidente del Gobierno de España no tiene la capacidad, ni legal ni ejecutiva, para hacer algo tan absurdo e impreciso.
– Lo llamo Proceso de Paz, con mayúscula, y espero que siga adelante. El argumento estúpido de los conservadores es que aquí no hay ninguna guerra, cosa bien cierta, y que por tanto no se puede llamar “proceso de paz”. A mí esto me parece una muestra más del pensamiento primitivo y hasta infantil del que hace gala mucha gente. Se puede decir que el agua de una bañera está enfriándose aunque no esté caliente, y citando a
Jonathan Larson, lo contrario de la guerra no es la paz, sino la creación. El hecho de que no haya guerra no significa que haya paz, del mismo modo que hay muchos grises entre negro y blanco. Por lo tanto, se debe seguir con el proceso de búsqueda de la paz en Euskadi a pesar de que no haya guerra, no seamos capullos. Aunque puede que les esté tomando por idiotas en lugar de hipócritas, y ese pseudo-razonamiento no se lo crean ni ellos. Puede que no sea más que una excusa barata en forma de juego de palabras para cerrarse en banda a algo sin quedar como un fascista, como decir, por ejemplo, que uno no se opone a que los homosexuales se casen, sino a que se le llame “matrimonio”.
Y ahora la moraleja. Situación:
ese peaso de terrorista que va a salir legalmente de la cárcel tras cumplir su condena. Jarl. Cunde el pánico. Hay dos opciones: una, agachar las orejas y dejar que el cabrón salga libre; acto seguido, reformamos la ley de una puñetera vez para que las condenas se cumplan enteras, o sencillamente para que no se den beneficios penitenciarios por trabajos de quinto de EGB como el que entregó De Juana en el año 2000, titulado
Días, por el que el
Ministerio de Justicia le quitó casi un año de condena a pesar de ser un panfleto despreciable. La otra opción es forzar una sentencia ex profeso, un conejo sacado de la chistera y no
el de Rajoy, que permita empapelar a este tío para que no salga a la calle, al menos no ahora.
Y esto es lo que se hizo, explicitado en declaraciones del entonces ministro López Aguilar. Una condena que en mi opinión bordea la prevaricación, y a la que el preso reacciona poniéndose en huelga de hambre. Pero no contaban con que De Juana es más vasco de lo que creíamos, y la situación se vuelve insostenible. A instancia de Alfredo Pérez Rubalcaba, ese gran comemarrones del PSOE, se remienda la cagada en todo lo posible atenuándole la prisión. Por cierto, me pone enfermo oír a dirigentes del PP usando expresiones como “poner en la calle” y “dejar en libertad”. El etarra sigue cumpliendo condena, aunque sea en el hospital y en su casa. Tiene un madero en la puerta, seamos claros.
No hay atajos en política. Si un partido echa demasiados polvos, se comerá lodos tan marrones como éste que se está comiendo el Gobierno ahora. Las cosas hay que hacerlas bien, despacito y con buena letra. Igual que no podemos esperar que la cúpula de ETA salga en Gara agitando una banderita blanca de un día para otro, tampoco podemos recurrir a artefactos legales para ir más rápido y al mismo tiempo pretender salir guapo en la foto-finish. Ése ha sido el error del PSOE en esto, y el tiempo dirá si le pasa factura en las autonómicas de Mayo.
Por cierto, ¿saben cuál es otro atajo que le va a explotar al PSOE en la jeta? La Ley de Partidos. Ése es el próximo marrón glasé que se van a tener que comer con pan Zapatero y el ministro Rubalcaba, con la inestimable colaboración del Partido Popular y sus esbirros. Marrón con pan, y con circo.