9 de noviembre de 2007

Greenzo

El último capítulo de 30 Rock lo tiene todo. Entre otras cosas,

David Schwimmer vestido de superhéroe verde (que me hace recordar al armadillo navideño).

El plano Hitchcock de zoom out y dolly in.

Una poptart en una teta.

El secretario de Keyser Sozé.

Un Harlem Globetrotter.

Cuatro rubias holandesas espectaculares.

Tina Fey con un vestido ajustado.

Tina Fey disfrazada de Harry Potter.

Alguien responsabilizando del cambio climático a la empresa dueña de la NBC .

Un build-up de medio capítulo para un acontecimiento que se salta en elípsis.

Una serpiente.

Una cuarentona con sobrepeso en topless agarrándose los pechos.

Un pintalabios de la marca Orgasmo de Tigre.

Alec Baldwin con este peinado.
Una metáfora cínica sobre cadenas de TV intentando sacarle rendimiento a esta (y cualquier otra) crisis medioambiental.

Al Gore dando un discurso apasionado en prime time sobre poner a un personaje dando un discurso apasionado sobre el medio ambiente en prime time.

La Tierra en llamas.

La última fiesta en casa de Kenneth Purcell.

4 de noviembre de 2007

!!!

Observen esta foto del blog de Nacho Vigalondo:


Hay varias explicaciones posibles:

Locke es aficionado a la ventriloquía, y se ha hecho un muñeco de Vigalondo a escala, o

Vigalondo es el ventrílocuo, o

Locke ha vuelto a la silla de ruedas, y Vigalondo está sentado en su regazo, o

Vigalondo está esperando a que Locke le de un pico en los morritos, o

De tanto flashback, Locke ha terminado en Los Cronocrímenes, o

Locke posó con él porque pensaba que era Karra Elejalde, o

Locke está pensando: "como se me acerque otro con camisa hawaiana lo reviento", o

Vigalondo es Jacob, o

L O S T

3 de noviembre de 2007

31 de octubre de 2007

30 de octubre de 2007

Cosas que no están tan mal

Comprarse un niño. Hay gente que las pasa canutas para adoptar un bebé en el infierno del Tercer Mundo, o en ese purgatorio industrial llamado China. Cuesta un ojo de la cara y la mitad del otro huevo, y total, ¿para qué? Para alimentar un sector servicios gubernamental que proporciona niños (niñas, por lo común) a precio de soborno militarizado. Que les zurzan, pongámoslos a la venta aquí. Que los chinos y chinas que vienen aquí, inmigrantes dignos y trabajadores, se dejen de copiar cedés en un subterráneo y empiecen a copiar chinos. Que sustituyan sus torres de tostar por colchones de los que fabrican sus primos en ese polígono de Fuenlabrada, y se pongan al tajo en grupos de 50. Lo vi hacer en una película. Además, en el Rastro quedan tres metros cuadrados libres en los que caben dos puestos de bebés chinitos, a 2.000 euros el kilo, que es bastante menos de lo que pagan los abnegados padres por una adopción en origen. Mercado libre: ¿no queremos arroz? Pues taza y media. Así nos quitamos de en medio toda esa escoria virulenta de oficiales y suboficiales y capos del Partido que supervisan ese comercio chino de la carne, que no es pollo ni ternera sino niña tierna, de hecho mucho más tierna que la que se vende al sur, en Indonesia. Que Mercamadrid abra un chiringo de importación, y a tomar por el saco. Entreguemos China al Capital de una vez por todas, y que los pobres labriegos del arroz, cuyas tierras de cultivo han quedado a varios metros por debajo del agua en la presa de las Tres Gargantas, le puedan regalar un futuro a sus hijas. Hay miles, qué digo miles, cientos de parejas que desean tener una pequeñina asiática a la que querer con todo su corazón y sus carteras, y llevarla de paseo al Corte Inglés para que aprenda lo que es el Primer Mundo. Si un padre, en cualquier lugar del planeta, es capaz de vender a su hijo, es que vive en tal caldera de desesperación que la mera intención debería hacer comprender por qué su hijo merece ser vendido. Bien sea por la desidia de un padre borracho o maltratador, o por la rendición de quien sabe que no hay futuro para su criatura con él, ese niño merece ser el objeto de una transacción económica sincera, regulada por Hacienda, a la vista de todos, y no de esa pantomima burocrática y en general dictatorial –valga la expresión– en la que consisten los sistemas de adopción tercermundistas, en especial el chino. De esa manera, todos ganan: los padres ahorran un valioso tiempo en papeleos, y por cada factura hay una niña salvada de la miseria. Y aprovechen las ofertas.

Prohibir los Juegos Paralímpicos. Vaya gilipollez lo del afán de superación de un saltador multi-amputado que es capaz de manejar una pértiga con la nasal. Lo único que ha superado esa persona es el sentido común. Créanme, respetables tullidos: no necesitan demostrar nada. Es una putada su problema, de eso no hay duda, pero no lo es menos por el hecho de tener una medalla de bronce en anillas sin brazos. El único modo en que eso va a repercutir en sus vidas es que tendrán que entrar en los sitios de canto, porque los hombros no les cabrán por el marco de la puerta. En cuanto a los efectos psicotrópicos de una hazaña física (aquello de superar la depresión que arrastran desde aquel accidente) pueden ser suplidos con medicación, o con una sencilla terapia psicológica. Bueno, retiro lo de sencilla. Pero de verdad, tienen que saber que no son más válidos por ganar una medalla en tiro al plato disparando con el omoplato. ¿Se dan cuenta de que si una persona con miembros hiciera eso, sería en Jackass? Es ahí a donde pertenecen ese tipo de logros, a los programas que los desgraciados normales vemos para sentirnos agradecidos por nuestra cordura, o por nuestra miserable vida. ¿Saben en qué cuatro países se celebraron las primeras cuatro para-olimpiadas, en los años 60 y 70? Italia, Japón, Israel y Alemania. ¿Alguien más ve un patrón, un cierto complejo, la necesidad de lavar una mala conciencia por algún oscuro pasado? En serio, un ciego no es mejor persona por ganar un premio al mejor paquete en una competición ciclista. Y aunque así fuese, el camino no es repetir las estupideces atléticas que llevan a cabo los humanos completos –en el sentido físico y salvando la circuncisión– entre flashes fotográficos y jueces de línea vestidos de chiste. Algo así sólo sería comprensible si tanto esfuerzo sirviese para algo de verdad. Hagamos unas olimpiadas en las que un señor sin brazos ni piernas tenga que nadar por su vida contra la succión de las hélices de un trasatlántico. Eso sí merecería una medalla, joder.

El turismo sexual. Cuando uno va de vacaciones lo que busca son varias cosas: conocer nuevos horizontes –en el sentido literal y en el figurado–, relacionarse con gente de la manera más placentera posible, relajar tensiones vitales del modo más ameno al alcance, quizá hacer algo de ejercicio, comerse cosas exóticas y que lo follen a uno hasta borrarle la memoria. Adelante, háganse los estrechos, pero es así. Un modo de viajar que hasta hace poco era típico de la gente joven y de los países protestantes se está generalizando ahora de forma tanto geográfica como demográfica; los viajeros ibéricos, que han accedido hace poco a la pela y a la modernidad moral, la gente madura y en especial las mujeres, que ahora viajan solas y sin permiso del marido –ni puta falta que hace–, recorren el mundo frenéticos, frotándose contra los troncos de las palmeras. Es natural, es divertido, está bien. No debería escandalizar a nadie que las alumnas de tercero de trabajo social viajen a Cuba después de los exámenes a probar el dulce mango del trópico, a retozar con la anaconda negra. Los ingleses bajan a la Costa Brava como una estampida de búfalos buscando cachondeo y cabinas de teléfono que destruir. Niñas americanas de universidad bien se van de spring break a Florida, creyendo que es otro país, con el sueño inocente de aparecer en un vídeo porno en internet. Ejecutivos de todo el planeta van al sudeste asiático a sacudirse el estrés laboral en brazos de una hermosa niña de 14 años. ¿Y por qué no hacerlo? Al fin y al cabo, todas esas actividades son sin duda el motor económico de la zona, y por ende un activador inmejorable de la Globalización. Repito: háganse los estrechos. Nieguen en público que les interese este tipo de turismo, no me importa. Pero nieguen que le están dando una vida a muchas personas que, si bien no lo tienen fácil, lo tendrían mucho peor de no ser por el trabajo social que realizan. Sí, Trabajo Social. En una sociedad presidida por el mercado, el mercado gobierna las relaciones sociales, siendo el sexo la más apreciada de ellas, aquí y en la Cochinchina, nunca mejor dicho. Así nacen los lugares de turismo especializados: de playa, de montaña, de ocio, de arte, y de sexo. Sus lugareños se ganan la vida como pueden y tan pronto como lo necesitan. Y hay dos verdades innegables: la primera es que si una niña camboyana tiene posibles para estudiar ingeniería de caminos, no duden que lo hará. Pero no se sorprendan si no es así, y tiene que integrarse a los 13 añitos en el mercado laboral de su lugar de residencia, proceso que, las más veces, empieza por columpiarse en el regazo de un contable cuarentón de Boston (uno que anda siempre por allí). La segunda verdad es que si las autoridades suprimiesen este tipo de negocio, como mucha gente propone, sólo estaríamos hundiendo a esa niña en la miseria, aún más. Somos unos ingenuos peligrosos si creemos que al acabar con el turismo sexual con menores los estamos salvando de una vida puta. Tendrán la misma vida que llevan, pero con 50 dólares al mes de menos, y en lugar de ser vejadas por los turistas se lo harán los adolescentes del lugar, esnifadores de pegamento o lo que gusten hacer en su tiempo libre, porque eso es todo lo que les habremos dejado: tiempo libre. De ese modo las niñas del sudeste asiático perderán una forma de ganarse la vida que además goza de esa cierta etiqueta y buen gusto occidentales, que a la hora de ir de putas siempre es de agradecer. Porstíbulos internacionales. Es el principio rector de nuestros tiempos. La demanda habla y la oferta responde, y eso, y no otra cosa, es la Globalización: ir a joder a los países pobres.

28 de octubre de 2007

Premisa

De ELPAÍS.com:

¿Y esa serie, cuándo la ponen?

19 de octubre de 2007

Elitevisión

Ya está en pie Elitevisión, un curioso experimento en el que se desmenuzarán, de manera obsesivo-compulsiva, las mejores series de televisión de la Historia de la Humanidad, y otras que nos han reblandecido el seso de un modo u otro. Puede que así se escriba otra entrada de esa nueva Enciclopedia del ocio en la que se está convirtiendo la web 2.0; o quizá que no pase de ser una web curiosa sobre series de televisión hecha por sus espectadores más fieles e incisivos, otra frikada divertida, una pequeña poza de barro perfumado en la que nos revolcaremos con bikinis fosforitos. El tiempo lo dirá.

Usted y yo podremos usar Elitevisión como fuente de conocimientos inútiles, como pasatiempo puro y duro, o para repasar en nuestra cabecita nostálgica algunas joyas de algún pasado remoto, como Historias para no dormir o Monty Python Flying Circus; de nuestra infancia, como McGyver o Los Teleñecos; de la adolescencia, como Al salir de clase y Expediente X; y de ahora mismito, como The Office y Los Soprano. También nos puede servir para descubrir algún que otro tocón televisivo como Carnivàle o Studio 60 que tendrán ahí la atención que no les dio la audiencia. El caso es que se repasarán las series post a post, día a día y capítulo a capítulo. No me digan que no mola.

Tendré el honor de escribir en este invento acompañado por una plantilla de blogueros etiqueta negra, todos mucho más ingeniosos y prolíficos que yo, que irá creciendo con el tiempo, casi con toda seguridad. Como soy un vago de mierda, decidí contribuir con Curb Your Enthusiasm, serie cerrada de 50 capitulos de media hora, y vas que chutas. Pero pocos días después de mi decisión, Larry David firmó una nueva temporada con HBO y la serie vuelve a estar en marcha as we speak. Me pregunto si habré tenido algo que ver. Y si eso les parece la presunción de un gilipuertas, espérense a leer mi post de introducción al universo larridavidiano. Es muy preocupante.

9 de octubre de 2007

29 de septiembre de 2007

!!!

Ah, y no se pierdan el último post de Casciari. Enorme.

3 de septiembre de 2007

El Enterao: caso práctico

No me gusta revolcarme entre mi porquería, así que lo último que tenía pensado era reabrir la serie de El Enterao. Pero el link que me pasa Mer es tan acojonante que tengo que hacerlo correr. Para salvarme, como cuando uno ve la cinta de vídeo de la niña chunga japonesa trepando fuera del pozo y reptando hacia la cámara. Salvo que en este caso se trata de un cinéfalo incontinente asomando desde las profundidades de su fosa séptica, en la que vive, retoza y es feliz. Un enterao de primer nivel.

Hablamos de la sección de crítica cinematográfica del 20minutos, y de un tipo que, quién sabe, podría ser varios. Pido disculpas de antemano, pero eso no haría más que corroborar mi opinión de que los enteraos forman parte de una mente colmena en la que las bases argumentales y estilísticas se consumen, regurgitan y reciclan para que su producto sea extendido mediante un ansible fétido, una red de cloacas intelectuales. Miren lo que dice de El Ultimátum de Bourne:

"Prototipo estupefaciente del porvenir de un Hollywood ruidoso no devorado por la vacuidad ensordecedora de una nada digital con apéndices automatizados, la nitroglicerínica propuesta de Paul Greengrass se postula orgullosa como modelo a imitar y clavo ardiendo de una dramaturgia adulta, no exenta de funambulismos (y de qué calibre) a todo gas, que languidece en la terquedad epiléptica de un Hollywood de megaespectáculos indecentes".


Tranquilos. Tómense un minuto. No las tengo todas conmigo, pero creo que quiere decir que esta película pertenece a una clase que se va a hacer habitual en Hollywood, esa Albión pérfida y tecnológica, a pesar de que estar "languideciendo" en una "terquedad epiléptica" y la madre que lo parió. Respiren unas cuantas veces dentro de su bolsa de papel, y prosigamos. Sobre Naturaleza Muerta dice:

"Desde la ebullición de una formidable instantánea sociológica que fotografía, desde la límpida nitidez de la alta definición digital, la detonación del drama humano, Jia desglosa paisajes de esa China entre líneas que se intuye detrás de su aniquilación, con el antifaz de un hiperralista Rosselliniano que en verdad destartala las convenciones de la representación naturalista, poblando su filme de entelequias siderales (desde un OVNI que se infiltra en el espacio escénico para ejercer de vaso comunicante entre los dos fragmentos del relato) y alegorías diminutas sobre la encrucijada supravivencial de los inquilinos de un país que circula a velocidad crucero finiquitando su identidad (materializado en la figuración de un cuarteto de actores de la ópera de Pekín pétreos espectadores del surtidor de ruinas y en el funambulista que surca los cielos de la ciudad fantasma en el sobrecogedor plano conclusivo)".


Observen cómo van cayéndosele boñiguitas de sabiduría en forma de lugares comunes de la crítica barata, como "hiperrealista", "roselliniano", "naturalista", "espacio escénico", "vasos comunicantes"... No pregunten y disfruten de ráfagas de redundancia como "límpida nitidez de la alta definición". Eso sí, una "encrucijada supravivencial" no tengo ni puta idea de lo que es. Sobre El Buen Pastor:

"De Niro es incapaz de condensar en tres horas, o casi, el meollo de la cuestión, sucumbiendo a un abordaje netamente epidérmico y de superficie de los entresijos del engendro. Pululan alrededor de Damon un sinfín de perfiles sin sombra, secundarios de lujo fantasmales sin pasado ni futuro que van y vienen sin dejar trazas de identidad a su paso".


Intenten mantener la calma. No sé cómo se puede "sucumbir a un abordaje" sin ser un pirata caribeño, ni cómo se puede llegar a los "entresijos" de algo de modo "epidérmico y de superficie", aunque la falta de profundidad es uno de esos socorridos reproches que siempre se usan. Recuerden que cuando dice que hay "un sinfín de perfiles sin sombra, secundarios de lujo fantasmales sin pasado ni futuro que van y vienen sin dejar trazas de identidad a su paso" está hablando de espías. ¿No es maravilloso? Paciencia, ya queda poco.

"'Wolf Creek' se agarra con fuerza a todos los clichés imaginables del planteamiento sociopatológico, planteando la enésima dicotomía elemental entre el mundo civilizado y esa surete de infracivilización sonde se hacinan los desheredados, los animales antropomorfos, los títeres del salvajismo".


Oh, la prosa. Fíjense que hasta las erratas sirven a esta prosa sensitiva: "esa surete de infracivilización sonde se hacinan los desheredados", no me digan; una sucesión de eses que suenan a serpiente, a criatura que se enrosca sobre sí misma y estruja una argumentación hasta matarla. No conozco a los "títeres del salvajismo", pero no me gustaría encontrarme con ellos en un callejón oscuro. Quizá sufran un "planteamiento sociopatológico" y me planteen una "dicotomía elemental" en el cráneo, como la que debió de tener éste cuando se cayó de la cuna de pequeño.

Si aún les queda bilis les recomiendo su crítica de Death Proof. No tiene precio. Yo voy a tomarme una aspirina.